
Majá y mayito en la manigua
EXTRATO DE LIBRO
CUBA NATURAL
Con unos 114.500 km2 de territorio, el archipiélago cubano justo roza, hacia el Norte,
el límite formal de la tropicalidad. La cifra exacta poco importa; su superficie varía de siglo en siglo, y también de década en década.
Otro tanto ocurre con los cayos; la cifra total ofrecida por los distintos geógrafos varía de 1.600 hasta la exageración de 4.000.
Nadie, sin embargo, ha definido cuándo un manglar es lo suficientemente grande para graduarse de cayo, o qué ancho debe tener un
canalizo para contar dos porciones de tierra—o dos cayuelos de mangle—por separado. Para añadir a la confusión, las mareas inundan y
exponen diariamente centenares de parches de suelo bajo, y también hacen crecer y achicar cada cayo. Cualquiera que sea la talla seleccionada
para validar un manglar como tierra aritmetizable, las mareas harán que aquellos situados justo por debajo del límite escogido clasifiquen como
cayos en horas de la mañana, la tarde, o la madrugada.
Las montañas de Cuba se estremecen aún a ritmos dictados por las presiones profundas del planeta. La costa y los cayos, vivos por el
denso festón de manglares, roban espacio al océano; la pulgada de avance diario hacia el mar se traduce con los años en kilómetros
cuadrados de tierra nueva. Capricho y fuerza natural exagerados, los huracanes deshacen en unas horas las seculares fabricaciones de la vida. Al día
siguiente el sol, el agua y la clorofila regresan, desde un nuevo punto de partida, a su alquimia tenaz.


Copyright © 1995-2008 PANGAEA. Todos los derechos reservados.